Entrevista Marta Bravo en lne.es

La Nueva España (21/07/2018)

«Si alguien te pide la Luna, al menos hay que poner la escalera para cogerla»

«Aunque nunca ejercí como profesora, creo que la educación es fundamental y trato de ponerlo en práctica con mis hijos»

Marta Bravo Álvarez nació en Navelgas (Tineo), y a los cuatro años se vino a vivir a Oviedo con su familia. Se siente orgullosa de pertenecer al suroccidente de Asturias y a la vez parte de la ciudad en la que ha hecho su trayectoria profesional y personal. Bravo, directora del hotel Vetusta y coach, está casada con Marco Macía, y es madre de un niño y de una niña. Su familia es su gran orgullo y el principal pilar de su vida.

De Navelgas a Oviedo.

«Soy de Navelgas (Tineo), del suroccidente de Asturias, y eso marca un carácter, y me siento terriblemente orgullosa de ello. Tengo dos hijos: Marco, de 13 años, y Celia, de 12, que están encantados de tener un pueblo como referencia. Para ellos es importante y para mí también. Considero fundamental tener siempre presentes tus raíces. Tengo grandes recuerdos de mi infancia en el pueblo y quiero que ellos los tengan también. De allí era mi madre, a la que perdí hace once años. Fue un golpe muy duro. Mis hijos aún eran muy pequeños. Me costó mucho volver, pero de los momentos duros y de crisis es de los que más se aprende. Le dije a mi marido que había que hacer de tripas corazón; no quería que mis hijos me recordasen triste. Ella me acompaña siempre. Hice algo mágico que fue sacar afuera todas aquellas cosas que tenía mi madre, que era muy generosa y bondadosa. He intentado aprender de eso para mejorar y eso me da una fuerza terrible».  

El primer árbol de su padre.

«Mi padre, Santos Bravo, es un ídolo para mí. Es de Francos (Tineo). Hacía madreñas. Conoció a mi madre vendiendo en una feria de Tineo. Empezaron de cero. Con el primer dinero que tuvo se compró un árbol y luego más. Después un monte, hasta llegar a ser un gran maderista y constructor. Yo siempre digo que vivo en un bosque. Mi padre es uno de los árboles de mi vida, el otro es mi marido, Marco Macía, mi gran apoyo, y, por supuesto, mis hijos. Tenemos la suerte de seguir creciendo juntos en la misma dirección. Es un hombre culto y brillante que me aporta seguridad y equilibrio, un padre de matrícula de honor y alguien que siempre me da alas para desarrollar mis proyectos. Es muy prudente. Lo que leo en sus ojos es ‘Marta tú puedes’, es lo más importante que tengo».  

La Inmaculada y los Jesuitas.

«Fui al colegio de la Inmaculada en Pumarín y luego a los Jesuitas. Un día tenía un examen y no estaba nada segura. Mi padre me tranquilizó. Es un hombre muy constante y perseverante, eso aviva el talento. De las monjas tengo un recuerdo maravillosos. Me enseñaron valores, a compartir y tener generosidad. De los Jesuitas conservo a mis mejores amigas y recuerdo el amor que cogí a los idiomas. Organizaban cursos de verano en el extranjero y eso me sirvió de mucho. Viajar te cambia la perspectiva de las cosas. También aprendes a relacionarte con personas de distinta procedencia. Intento tratar a la gente con mucho amor y dedicar a todo el mundo una sonrisa».

Magisterio con inglés y vocación hotelera.

«Hice Magisterio con la especialidad de Filología Inglesa. Aunque nunca he ejercido como profesora sigo creyendo que la educación es fundamental. Gloria López Téllez era mi profesora de Literatura Inglesa. Me fui con una beca Erasmus a Glasgow y allí crecí mucho como persona. Oviedo es maravilloso, pero conocer otras gentes y otros lugares despierta la creatividad. El 15 de septiembre de 1997 inauguramos el hotel familiar que dirijo. Me preparé con miles de cursos de protocolo y de otras cuestiones. Me apasiona formarme y estar al día. Lo que buscaba además de tener un hotel precioso era que contase con personalidad y alma. Para eso mimo a los clientes externos y al personal que está conmigo. Sólo contrato mujeres. Creo que somos mucho más polivalentes. Tengo ocho en plantilla y estoy encantada. A veces prefiero que la gente llegue sin una formación específica para dársela yo. Si el cliente o alguien te pide la Luna, al menos hay que poner la escalera para intentar cogerla. Me encanta ayudar a los demás a que saquen sus talentos a la luz».